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OPINIÓN: 5ª temporada de Black Mirror

Por Cedric Sierras

Sin rodeos, las cartas sobre la mesa. La 5ª temporada de Black Mirror me ha parecido una soberana porquería. No se salva ni un capítulo de la quema.

AVISO: SPOILERS GORDOS ATADOS CON PIEDRA A PARTIR DE AQUÍ

Striking Vipers

El primer episodio lo protagonizan, Danny (interpretado por Anthony Mackie, conocido por su papel de Sam Wilson/Falcon en Vengadores) y Karl (Yahya Abdul-Mateen II, al que vimos interpretar a Black Manta en Aquaman), dos amigos que comparten piso y afición por un videojuego  de peleas tipo Street Fighter llamado “Striking Vipers“.

Pasados unos años y habiendo hecho sus vidas por su cuenta cada uno, Karl aparece en el cumpleaños de Danny y le regala la versión más reciente del juego que consta, además, de un kit de realidad virtual inmersiva que al utilizarlo pasa poco más o menos como en Matrix cuando se enchufaban el pincho por el pescuezo.

El tema es Karl elige a un personaje femenino y Danny a uno masculino. Tras darse de palos cosa mala, caen al suelo uno encima del otro y de repente empiezan a darse el lote, cosa que empieza a convertirse en algo habitual entre los dos colegas. Vamos que quedan en el juego nada más que para darse el filetazo y poco más.

Esto empieza a afectar negativamente a ambos y Danny decide dejar el juego a un lado y empezar a hacerle casito a su mujer y su hijo. Pero se ve que a Karl le pica demasiado el gustirrinín e insiste en seguir con el asunto, pero Danny ya le ha hecho el vacío. Hasta que un día, la mujer de Danny invita a Karl a cenar con ellos sin decirle nada a su marido y la cena no puede ser más incómoda.

Se medio pelean en la cena y una hora después quedan en un callejón oscuro y lluvioso para darse un morreo y comprobar si no es que se habían vuelto homosexuales de golpe.

No os voy a contar mucho más. El capítulo es lento, denso, predecible y lejos de plantear ningún dilema como sucedía en la primera temporada.

Smithereens

El segundo capítulo lo protagoniza el actor británico Andrew Scott, al que algunos recordaréis por su espectacular interpretación de Moriarty en la serie de Sherlock Holmes que protagoniza Benedict Cumberbatch. En este capítulo, Andrew Scott interpreta a un conductor de Uber que siempre está esperando pasajeros en el mismo sitio: delante de un edificio de Londres en el que están las oficinas de una conocida red social.

Tras recoger a diferentes pasajeros que salen de ese edificio, da con un joven becario que trabaja para la red social en cuestión y decide tomarlo como rehén para así poder exigir que le comuniquen con el propietario de la empresa que vive en EE.UU.

Total, que después de verse asediado por la policía londinense y tirarse una hora al teléfono esperando que le pasen con el jefazo, la conversación se limita a contarle al magnate que hace algún tiempo sufrió un accidente de tráfico por ir mirando el móvil mientras conducía, lo que derivó en la muerte de su prometida y del ocupante del coche que venía de frente. Se lo cuenta, cuelga el teléfono y se suicida. FIN.

Otro capítulo tostón que no expone nada que no sepamos ya y que se salva por la interpretación de Andrew Scott.

Rachel, Jack and Ashley Too

El último está protagonizado por la cantante estadounidense Miley Cyrus, en el que interpreta un  papel muy cercano a su propia vida real. Su personaje es Ashley, una diva del pop infantil/adolescente que vive una vida aparentemente perfecta, aunque la realidad es que su vida es un infierno porque su tía y manager, la tiene medicada con unas pastillas que la vuelven más maleable y le hace llevar una vida de mierda decidiendo sobre su imagen, las letras de las canciones y las producciones.

Paralelamente nos presentan a Rachel y Jack, dos hermanas que viven con un padre que inventa trampas para ratones y que no quieren ni en Kickstarter. Rachel es la típica chavala con pocos amigos, llena de inseguridades y de carácter dulzón que, además, es fan de Ashley. Jack es la clásica hermana mayor rebelde y de carácter afilado que va de que es muy true porque escucha a los Pixies y grupos de rock “vintage”.

No me lío más. A Rachel le regalan una muñeca llamada Ashley Too (inspirada en la cantante) que parece el resultado de una noche loca entre un funko y una altavoz Google Home. Básicamente le hablan y responde.

En una de esas que la auténtica Ashley intenta ponerse farruca con su tía, resulta que esta ya le ha metido drogaínas en la comida y la pobre Ashley queda en coma, con lo que su tía ya tiene carta blanca para hacer lo que le venga en gana con ella.

A Rachel se le cae la muñeca al suele, se le casca, la hermana la enchufa a un PC alegando que no tiene ni idea de informática y aún así accede al kernel del sistema operativo del trasto, desbloqueando el 100% de la capacidad de robotito. Y aquí está la parte divertida, resulta que la muñeca se había programado con una matriz cerebral idéntica a la de la Ashley original, por lo que convence a las dos millenials para ir a su casa y sacar a la Ashley de verdad del coma y salvarle la vida y hacer que detengan a la tita malvada y FIN, menos mal porque menudo truño más predecible.

CONCLUSIÓN

Netflix, cada temporada es peor que la anterior. El intento de capítulo interactivo fue una cagada de proporciones épicas. Vamos, que si canceláis la serie nadie os lo tendrá en cuenta.

Gracias.

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