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OPINIÓN: The Predator

Por Cedric Sierras

Hoy estoy temático y tiro de películas porque puedo y porque me apetece. En el post anterior os comentaba mi opinión acerca de la saga de Godzilla producida por Netflix y ahora vengo con The Predator, la última entrega de las aventuras de nuestro alienígena rastafari favorito.

The Predator: la prueba de que el cine es como los gases, si tienes que forzar para que salga adelante, seguramente sea una cagada

En serio, vengo calentito con esta película. El año pasado me hizo ilusión saber que lanzaban una nueva entrega basada en en este personaje que alcanzó la fama en 1987 gracias a la cinta protagonizada por Arnold Schwarzenegger (lo he escrito bien a la primera, flipo).

Desde entonces, el mundo ha conocido varias películas ambientadas en las aventuras de Predator, como Predator 2 (con Danny Glover), Alien vs Predator, Alien vs Predator 2: Requiem y Predators (con Adrien Brody). Todas ellas, más o menos aceptables, pero manteniendo un elemento común: los Predators dan miedito y no poco.

No obstante, en esta nueva entrega en la que solo hay un par de actores medianamente reconocibles, Thomas Jane (El Castigador 2004), Olivia Munn (Psylocke en X-Men: Apocalipsis) y Alfie Allen (Theon Greyjoy en Juego de Tronos), el Predator no da ningún miedo, es más, llega a tener hasta puntos cómicos. Otra de las cosas de las que adolece la película, diálogos excesivamente cargados de chascarrillo y humor negro al más puro estilo cine de acción de los 80. Que se haga esto en la saga de Mercenarios, lo compro porque es una saga que parte de ese mismo planteamiento, pero hacerlo en una de Predator es imperdonable.

Por otra parte, los actores no sé de donde los han sacado pero sí podría deciros a donde los podrían mandar. Son malos hasta decir basta.

El planteamiento de la película es que tenemos a un francotirador con estrés postraumático (y con problemas para distinguir los chistes buenos de los malos) en una misión en México. La cosa se tuerce cuando, cerca de él y su unidad, se entalla una nave de la que sale un Predator y este se lía a hacer collares con las columnas vertebrales de sus amigos.

Quinn (que es nuestro valiente protagonista) consigue zafarse del Predator y le roba un brazalete y el casco, los cuales no tiene mejor idea que empaquetarlos y mandárselos por correos a su casa en Estados Unidos, donde los recibe su hijo, un chavalín con autismo que resulta que no tiene mejor idea que ponerse a jugar con los trastos del Predator como si fueran juguetes de Fisher Price. Pero ojo, esto no es lo mejor, lo mejor de todo es que descifra el idioma de los Predators y sabe utilizar su tecnología, CLARO QUE SÍ, GUAPI.

El Predator que, no os lo había contado, acaba siendo capturado y llevado a unos laboratorios en Estados Unidos, donde lo tienen atado a una camilla con unas correuchas compradas en el chino, las cuales rompe con solo la intención de hacerlo y lía una escabechina de agárrate y no te menees.

“Pos te mato”

Mientras tanto, Quinn ya está en suelo yankee y lo interrogan acerca de lo sucedido en México. Les cuenta que un rastafari espacial de 2 metros y medio les ha atacado y nadie le cree, así que lo trasladan en bus con otro grupo de militares deficitarios, cada uno afectado por una movida distinta, uno con tendencias suicidas, otro con síndrome de Tourette, otro conspiranoico perdido y con rollos bíblicos raros, etc. Vamos, la flor y nata de los Marines.

Aquí es cuando Quinn, el único mínimamente centrado forma equipo con ellos para salvar a la Dra. Brackett de los idiotas que retenían al Predator y para luego salvar a su hijo. Por favor, quitad el cartel que ya tenemos al padre del año.

La cara que se te pone cuando pisas un Lego es la de EL Predator

En fin, entre chiste malo y chiste malo, resulta que el Predator inicial era un tirillas, ya que aparece EL Predator, sí, EL Predator, un bicharraco de 3 metros, totalmente ciclado y que caga Predators de los normales cada mañana, el cual se dedica a dar caza a Predators desertores con la ayuda de sus perros Predator a los que cariñosamente he bautizado Perrators.

Para que veáis la diferencia entre el Predator normal (izq) y EL Predator (der)

Uno de los “Perrators”… Creo que este es Tobby

No os voy a contar mucho más, porque llegados a este punto ya tengo acidez y todo solo de pensarlo y me da más acidez al recordar la secuencia final. A partir de aquí nos encontramos con bastante acción, al menos no te aburres demasiado, pero en un estilo muy Star Trek o Indiana Jones, muy aventurero todo, perdiendo el factor terror de las películas originales.

The Predator es una película de acción bastante plana, que se aleja de la esencia inicial de la saga, cargada de chistes malos metidos a calzador, con personajes absurdos y diálogos que no conducen a ningún lado, dando como resultado un producto muy forzado y que te deja con la sensación de haber visto una peli de sobremesa de Antena 3.

Puntuación: 1 (por el niño autista que sabe leer predatoriano o predatoriense, no sé el gentilicio)

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